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www.eltelegrafo.com.ec La Asociación de Familiares de Migrantes 9 de Enero, con sede en Quito, cuenta con un programa de asistencia psicológica, tanto para los niños y adolescentes hijos de migrantes, como para los familiares que se quedan a cargo de ellos en el país.
La asociación comenzó a trabajar en el año 2002 y hasta 2006 se habían atendido a cerca de 180 niños. En las oficinas, una psicóloga atiende dos veces por semana un promedio de cuatro pacientes cada día.
La presidenta de la asociación, Gloria Jiménez, explica la importancia de que estos niños y jóvenes se sometan a la ayuda psicológica. “Es un proceso diario, en el que tienen que aceptar su realidad y saber identificar lo que les hace falta en su entorno para trabajar en ello”, afirma. Jiménez cree que es primordial que la persona encargada del niño o joven lo estimule para que acuda a las terapias, ya que difícilmente ellos aceptan que necesitan este apoyo. “Por más cariño que les brinden sus abuelos, tíos o quien esté a cargo de ellos, no es la misma atención que les darían directamente los padres”, expresa. Y por esta razón ella considera que el representante del niño o joven debe demostrar interés y atención especial a él o ella. “No me vaya a preguntar a mí que yo no tengo”, recuerda Gina Estacio, maestra del colegio María Reina, las palabras susurradas por uno de sus alumnos. El ejercicio en clase consistía en comentar las características de los papás de cada uno, pero el chico interrumpió a la docente porque su progenitor había migrado hacía muchos años a España y él no se sentía capaz de contestar aquella pregunta formulada por la profesora.
Pero esta situación no ha sido la única que Gina y otras maestras han vivido. Rina Quispe, docente de la misma institución, relata la ocasión en la que los niños debían elaborar una tarjeta para el día de la madre. “Una alumna me dijo que para qué iba a hacer una, si su mamá no vivía aquí y no se la podía dar”, cuenta Quispe. Ella le indicó que de todas formas elaborare la manualidad y se la entregara a su abuela, que vive con ella.
Este colegio cuenta con un listado de los estudiantes que tienen a sus familiares en el exterior. “Las dirigentes de cada curso conocen la situación de los alumnos para que estén al tanto de ellos, no para que los discriminen, sino para que les presten más atención”, explica la “hermana” Gina Landaverea. Ella dice que muchos de los niños hijos de emigrantes son indisciplinados, pero reconoce que dicha actitud es una característica que se repite en este grupo.
Un estudio realizado por FLACSO Ecuador (2004), denominado “El espejo distante”, trata sobre la construcción de la migración en los jóvenes hijos e hijas de emigrantes ecuatorianos y revela que la percepción de estos sobre la actual estructura de la familia es compleja, ya que, por un lado, la migración ha provocado la separación con sus padres y/o madres, y por otro, los ha colocado en una situación en la que están más cerca de tíos, tías o abuelos.
El documento destaca que esta nueva realidad que viven los niños y adolescentes, no está libre de sufrimiento y conflictos entre ellos y los nuevos tutores que se han quedado a su cuidado.
El psicólogo Urías Fuenzalida explica que, cuando un familiar migra a otro país, se produce una ruptura de los lazos emocionales de cada uno de los miembros. En el caso de los niños, su comportamiento y sus valores cambian y su disciplina de carácter conductual queda fragmentada. “Puede tomar diferentes actitudes, pero muchas veces se relacionan con la rebeldía, no quieren hacer deberes, son indisciplinados, no se quieren asear o son desordenados”, dice.
Él cree que la situación de estos chicos es muy difícil de tratar, pero considera necesario trabajar con las personas que están más tiempo con ellos, que en su mayoría son el representante (familiar o persona allegada) y las maestras.
“Es necesario que el DOBE (Departamento de Orientación y Bienestar Estudiantil) intente hacer un enlace entre los padres que se encuentran fuera del país, con la persona que está a cargo del niño y con la escuela. Una manera podría ser mediante actividades de integración”, explica. Fuenzalida dice que esto creará que el niño no se sienta tan desorientado y vea que existe interés y preocupación por él.
Tomando en cuenta la situación de estos niños, la Casa del Migrante, en Cuenca, desarrolla un proyecto en 20 escuelas del cantón. Actualmente se encuentra en la primera etapa, que consiste en la capacitación a 76 maestros sobre lo que es la migración y el trato que deben tener con los niños.
Carmen Alvarado, una de las encargadas del programa, explica que hay que cambiar ciertos conceptos que tienen los profesores al momento de dictar las clases. “Hemos visto que cuando hablan de la familia dicen que está conformada por papá, mamá e hijos, entonces dijimos que hay que cambiar los conceptos y explicarles que existen familias ampliadas”, cuenta la doctora.
El objetivo -indica Alvarado- es lograr que los niños no se sientan excluidos por los temas que se tratan en clases sino que se sientan comprendidos por los demás.
Un proyecto similar ejecuta la SENAMI (Secretaría Nacional del Migrante) del Litoral. En este caso, se trabajará con 5.000 personas, donde están incluidos 1.500 niños, 3.000 familiares o representantes y 500 maestros y personal del DOBE. Se ejecutará en cinco ciudades de distintas provincias: Babahoyo, Santa Elena, Portoviejo, Machala y Guayaquil y las escuelas para trabajar serán fiscales.
Zoila Ramos, analista de proyectos del SENAMI, explica que el proyecto se dividirá en tres partes, la es primera una capacitación a los profesores. “Queremos que ellos tengan conocimiento sobre la problemática, que sepan exactamente las consecuencias psicológicas de estos chicos”, comenta la psicóloga. Indica que la capacitación no solo contendrá material teórico, sino que también tratará sobre la sensibilización de los maestros hacia la problemática.
El proyecto durará 18 meses y servirá como modelo a implementarse en diferentes zonas del país.
Ramos declara que hasta el momento ningún colegio aplica una metodología de abordaje, pero indica que sí existen iniciativas personales de ciertas maestras y orientadoras.
Quispe, del María Reina, es una de ellas. Confiesa que tiene una alumna, de 11 años, quien constantemente conversa sobre lo que realiza en el día. “Una vez yo estaba ocupada y ella quería conversar, le dije ‘ahora no’. No me lo tuvo que decir, pero me di cuenta de que se resintió”, dice.
Fuenzalida explica que estos niños buscan figuras sustitutas. “Como no tienen a la madre, necesitan contar a alguien lo que les sucede y recurren a una persona cercana”, expresa. En el caso específico de la chica, ella vivía con sus abuelos y a pesar de todo el afecto que les tenía, no sentía confianza de contarles lo que le pasaba.
El psicólogo recalca que no siempre estos modelos que escogen los niños para seguir son positivos. Por esta razón enfatiza en la atención que merecen estos niños, ya que considera que es muy fácil que la estructuración de la personalidad se moldee a base a ejemplo.
Para Fuenzalida, es importante que exista un contacto constante entre los que se encuentran en el exterior y los hijos, pero recomienda que es necesario no perder ese vínculo, así sea a la distancia.
Con la intención de que los niños puedan comunicarse con sus familiares más a menudo, la SENAMI cuenta con un proyecto denominado “Escuelas cercanas”. Desde hace un año se empezó a ejecutar en varias escuelas del sur de Quito y para octubre se estima implementarlo en Cañar.
Fernando Solís, uno de los encargados del proyecto, explica que consiste en que los niños puedan interactuar más con sus padres, incluso que ellos les revisen las tareas escolares mediante un programa diseñado por un equipo de la secretaría. “También se realizan reuniones virtuales entre maestros y padres, para que estén al tanto de la situación de sus hijos”, detalla.
De esta manera -dice Moscoso de la SENAMI-, la relación se mantiene y los hijos sienten que sus padres están interesados por ellos.
Y el estudio de la FLACSO antes mencionado, confirma la situación y dice que esta comunicación con los padres emigrantes es vital para fortalecer la sensación de cercanía a través de la distancia.
Moscoso cree que es importante que se mantenga la comunicación para evitar que la única relación entre padre e hijo sea económica. “Como ellos manejan un sentimiento de culpa, creen que los regalos son la única forma de compensar a los chicos, entonces fomentan la compra de objetos que nunca van a llenar ese vacío emocional”, explica.
La psicóloga dice que, además del trabajo integral que debe haber entre los familiares, los maestros y los niños, es primordial que la sociedad deje de estigmatizar a estos niños.
Como indica Fuenzalida, debido a las circunstancias, los niños tenden a adoptar conductas, muchas veces equivocadas, por eso las personas los encasillan.
Pero Moscoso cree que la situación puede mejorar con la colaboración de las partes. “Demasiado tienen ellos con que los padres hayan migrado, nosotros debemos cambiar la perspectiva en cuanto a las migraciones”, dice. Cree que las personas pueden contribuir a que este grupo de chicos y chicas se sienta mejor en un lugar lejos de los que más quieren.
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