| on 25-08-2008
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Voro Contreras, Ademuz -- http://www.levante-emv.com La asociación Cepaim trabaja desde octubre de 2007 en un programa que pone en contacto a inmigrantes y a consistorios y empresarios de zonas rurales para que los primeros encuentren un trabajo estable y una vivienda y los segundos eviten la despoblación de sus municipios. En la Comunitat Valenciana, dos familias de origen colombiano y una procedente de Ecuador se han asentado ya en El Rincón de Ademuz para buscar una nueva vida lejos de la gran ciudad.
Cuando Cecilia vivía en Ibarra, Ecuador, seguramente nunca imaginó que acabaría rehaciendo su vida en un pueblo valenciano de 1.200 habitantes a orillas del río Túria. Ese pueblo es Ademuz, capital de El Rincón y, a pesar de eso, desde hace muchos años con cada vez menos habitantes. El destino de Cecilia, de su marido Ramiro y de sus tres hijos se cruzó con Ademuz hace poco más de dos meses, cuando una cuñada suya le habló de la labor que hacia el Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Migrantes (Cepaim) para que ciudadanos extranjeros encontraran un trabajo estable y una vivienda en varios de los muchos pueblos de interior que viven amenazados por la despoblación. Hasta el pasado junio Cecilia y Ramiro vivían en Valencia, ella trabajaba en una empresa de limpieza y él como obrero en la construcción del circuito de Formula 1. Tenían sus sueldos, una casa alquilada, sus hijos iban al colegio y de vez en cuando quedaban con familiares y compatriotas para disfrutar del tiempo libre. Pero había algo en sus vidas que no les satisfacía, no acababan de adaptarse a la la gran ciudad, y fue entonces cuando se pusieron en contacto con Cepaim. Desde Valencia, esta ONG asentada en toda España inició el pasado año un proyecto -"Nuevos Senderos"- destinado a integrar familias inmigrantes procedentes de ciudades como Valencia, Madrid, Sevilla o Murcia en zonas rurales despobladas de Castilla la Mancha, Castilla León, Aragón o, como el caso de Cecilia y Ramiro y otras dos familias colombianas, El Rincón de Ademuz. Hay que seguir un proceso "No se trata -insiste Gemma Miñarro, responsable del proyecto- en ayudarles a encontrar trabajo y casa por que sí. Hay que seguir un proceso y no todas las familias que se han presentado han sido seleccionadas. Buscamos familias con hijos menores y que tengan intención de permanecer en un medio rural que no tiene porqué ser un medio fácil". Efectivamente, tal como relata Cecilia, ella y su familia acudieron a varias sesiones en las que los técnicos de la ONG les informaron sobre las características y costumbres del lugar en el que iban a vivir. Tras pasar esta selección, viajaron a Ademuz y allí conocieron a Jesús Ferrís, el dueño de un horno que se había puesto en contacto con Cepaim para encontrar a una pareja con ganas de trabajar, ella en el mostrador y él en el horno. "Ninguno de los dos habíamos trabajado nunca en una panadería y temíamos el riesgo de no encajar en el trabajo. Sólo llevamos un mes pero, por ahora, todo nos ha ido bien". Ayuda de los vecinos Cecilia destaca la ayuda que han recibido para integrarse tanto de su nuevo jefe como de los miembros de Cepaim pero, sobre todo, de los vecinos de Ademuz. "La gente aquí es muy amable, muy educada. Para nosotros sólo con que nos saluden por la calle ya significa mucho. Ayer mismo estábamos en la casa que hemos alquilado y vino una vecina a pedirme cera para depilar. Me sentí contenta. Aquí ya no soy una inmigrante, soy Cecilia". Pero no son ellos los únicos que se benefician de la labor mediadora de la ONG. "Yo había tenido ya otras experiencias de contratar a inmigrantes por mi cuenta -relata el dueño del horno- y todas habían sido negativas ya que nunca se arraigaron aquí. Yo buscaba una estabilidad, transmitirle a alguien todo lo que yo he aprendido del negocio y darles una confianza. Creo que Ramiro y Cecilia son esas personas". Y, además de los trabajadores y de los empresarios, también se benefician los pueblos. Gemma Miñarro relata, por ejemplo, lo que ha sucedido en Casas Altas, a pocos kilómetros de Ademuz, y donde Cepaim encontró trabajo para dos familias colombianas. Las parejas inmigrantes vinieron con hijos y una de ellas incluso ha tenido uno allí. La presencia de estos niños ha permitido que el colegio de primaria del pueblo siga abierto. |