| on 11-11-2008
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www.eltelegrafo.com.ec Este colectivo, que se estima pertenece al 8% de los que salen del país, al volver aún no puede crecer libremente. A partir del año 2000, tras los efectos del feriado bancario, Ecuador pasó de ser un país de emisión “moderada” de emigrantes hacia Estados Unidos, a ser el primer territorio de la región andina que provoca la salida de personas hacia España e Italia.
Junto a este fenómeno se visibilizaron problemas de grupos sociales que abandonan el país, pero que por su condición no se encuentran amparados(as) en las leyes y que al retornar aún se encuentran con un proceso de discriminación. Este es el caso de los migrantes que pertenecen a la comunidad GLBTI (gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales). La afirmación se efectúa en la investigación “Migración internacional en cifras”, presentada la semana pasada por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Pero este hecho revelado por el estudio nacional también es conocido a nivel foráneo, ya que una situación similar se refleja en el estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, realizado por el Dr. Carlos Hidalgo, en el que se revela que el 8% de los ecuatorianos que migran a Europa tiene tendencias homosexuales, lésbicas o pertenece al contingente transexual. Pero el problema no está en que salgan del país, sino que cuando retornan aún se encuentran con situaciones discriminantes que no les permiten continuar desarrollándose en un campo social y productivo mayor. Según Efraín Soria, coordinador de Programas de la Fundación Ecuatoriana Equidad, las personas de la comunidad GLBTI ven a la migración como un mecanismo de salida para “poder desarrollar una vida mucho más acorde a sus necesidades psicológicas, fisiológicas y sexuales y esta movilización se da tanto a nivel interno como externo”. A nivel interno, por ejemplo, Soria explica que las personas GLBTI salen de localidades pequeñas a ciudades grandes, pero una vez allí “se encuentran con dificultades, ya que no existen políticas de protección para su comunidad. Solo Quito tiene una ordenanza que promueve la protección e integración de este grupo”. El inconveniente se repite cuando una persona de este grupo vulnerable retorna desde un país del extranjero en el que ha logrado desarrollarse libremente, agrega.
En lo referente a las migraciones internacionales, señala que las personas que migran lo que buscan es “protección a través de las legislaciones de otros países, ya que sitios como España tienen un sistema de salud que atiende exclusivamente a miembros de la comunidad GLBTI”. Eso en Ecuador no existe, aunque la Constitución actual sí deja establecido que todos los servicios de atención y el sistema laboral no deben discriminar a ninguna persona por razón de raza, género u orientación sexual. El psicólogo clínico Aurelio Carmín recalca que lo que buscan los migrantes GLBTI, “al igual de todas las personas”, es crear en su país receptor condiciones para mejorar su bienestar y calidad de vida. “Deciden vivir lejos de sus países de origen, lugar en el que su orientación sexual o su identidad de género son motivos de discriminación, estigma, vulneración, separación social y, en muchos casos, de otras formas de violencia física y emocional”. Amatista es un ejemplo de la migración trans. Ella tiene 32 años, trabaja como estilista en un centro de belleza ubicado en la García Moreno, es ecuatoriana y regresó al país desde Alemania hace 4 años. En Europa vivió por 10 años, tras abandonar su natal Salcedo a los 16 años porque sus padres, hermanos y compañeros de colegio le molestaban por su manera de ser. “Nunca fui un hombre como todos esperaban que sea, además sabía que mi destino era ser mujer, pero en mi pueblo era imposible”, afirma. Luego de eso decidió ir a Guayaquil, “porque asumía que en la Costa eran más abiertos, pero me fue mal”. Después de esas experiencias, a los 18 años viajó a Alemania sin saber el idioma y con un poco de dinero, que no “alcanzó para mucho”. Amatista intentó encontrar trabajo, pero no tenía estudios y menos el idioma, así es que “la única opción que tenía” fue realizar trabajo sexual. Ahora que retornó al país solo encontró, nuevamente, como salida laboral el estilismo. Ana Almeida, del Proyecto Transgénero, señala que dicho programa, iniciado en 2002, ha podido reconocer una serie de factores de discriminación que la población trans vive. Señala que los y las trans no tienen protección legal cuando se trata de migración, “no hay una protección legal en los derechos mínimos, como son la salud, la educación, el trabajo y la vivienda”. Según el trabajo que ha podido efectuar, las personas del grupo trans migran para mejorar las condiciones de vida, siempre y cuando tengan algo de dinero para poder hacerlo, por lo que el número no sería muy grande. Carmín también reconoce que muchos de los migrantes no pueden acceder a garantías porque no tienen sus papeles en regla y para legalizarlos necesitarían tener un trabajo legal “que no lo pueden conseguir por su situación de indocumentados, lo que hace que todo se convierta en un círculo de discriminación”. Almeida, en cambio, agrega que las trans que han hecho trabajo sexual en Europa y regresan a Ecuador tienen que trabajar en lo mismo; porque viven en un círculo en el que “no tienen forma de conseguir otra posibilidad de desarrollarse”. Y recalca que como proyecto transgénero informan sobre sus derechos y cómo reclamarlos. Aun así, para Xavier Bustamante, miembro de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el Ecuador es un país bastante tolerante a la diversidad. Esto, dice, ha ocasionado que sea receptor más que proveedor de migrantes que pueden ser miembros o no de la comunidad GLBTI. Señala que, usualmente, los miembros de la comunidad ven al país “como un lugar de paso”, si son colombianos de la comunidad GLBTI, piden reasentamientos hacia otros países aludiendo que por su orientación sexual necesitan salir de Latinoamérica, “pero lo que buscan, en definitiva, es un mejor futuro económico y social para desarrollarse como personas”. Xavier Buastamante Miembro de ACNUR “Los miembros de la comunidad... piden reasentamientos hacia otros países aludiendo que, por su orientación, deben salir de Latinoamérica”. Efraín Soria Coordinador de la Fund. Equidad “Las personas GLBTI que salen de localidades pequeñas a ciudades grandes viven dificultades, ya que no existen políticas de protección para ellas”. Estigma local no abre campos laborales Según el galeno Aurelio Carmín, dentro de la comunidad GLBTI, es el grupo trans quien tiene más vulnerabilidad ya que “los gays, lesbianas, bisexuales pueden esconder su orientación, pero la estética trans es muy visible y eso los vuelve más vulnerables”. En efecto, este año, la Corporación Kimirina, junto con la Fundación Schorer, realizaron un diagnóstico sobre las necesidades en las poblaciones transgénero de dos ciudades del país. En el estudio, que se realizó a manera de grupos focales, participó un total de 273 transgéneros de Guayaquil y Quito.
Dentro de los resultados sobre el trabajo que ejercen los transexuales, se descubrió que la idea de que ellas se dedican únicamente a las peluquerías y al trabajo sexual no es solamente una percepción de la sociedad. Los resultados demostraron que la mayoría de la población transexual en Guayaquil se dedica a ser estilista. Pero además de gabinetes, un porcentaje altamente representativo del grupo focal considera que un 75% de las trans se dedica al trabajo sexual porque no tienen otra ocupación y es una fuente para obtener dinero. |