| on 16-11-2008
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http://www.eluniversal.com.mx PATCHOGUE, Nueva York.— Era un pasatiempo ocasional entre algunos jóvenes de la Patchogue-Medford High School: beber algunas cervezas y buscar gente para atracar, quitarles su dinero o golpearlos.
Amigos de Jeffrey Conroy, un atleta estrella en la escuela, dicen que también era conocido por hacer ese tipo de cosas. Y la noche del sábado pasado, después de beber en un parque en Medford, Long Island, Conroy, de 17 años, y otros seis adolescentes dijeron que iban en busca de “algún mexicano” y se dirigieron a la localidad de Patchogue “de cacería”, de acuerdo con las versiones de amigos y autoridades. Finalmente, encontraron su blanco: Marcelo Lucero, un migrante de 27 años originario de Ecuador que llevaba 16 años viviendo en EU, principalmente en Patchogue, trabajaba en una tintorería y enviaba sus ahorros a casa para ayudar a su madre, sobreviviente de cáncer. Según dijeron las autoridades, los agresores rodearon, acosaron y golpearon a Lucero; después, Conroy enterró un cuchillo en el pecho de la víctima, causándole una herida mortal. El ataque tiene horrorizados a los de esta localidad, en el condado Suffolk. Los fiscales lo calificaron de crimen de odio y la máxima autoridad del condado, Steve Levy tachó a los acusados, que se declararon no culpables, de “supremacistas blancos”. Lo cierto es que, a decir de defensores de los migrantes en Long Island, el ataque fue un reflejo del extendido sentimiento antilatino y la intoleracncia racial que prevalecen en el condado de Suffolk. Funcionarios de gobierno, estudiantes, dueños de negocios e inmigrantes coinciden en señalar que la migración indocumentada ha provocado enojo y tensión en la zona y que las mayores críticas son para con los jornaleros. “No quiero que se entienda como una falta de respeto, pero creo firmemente que si deseas venir a este país, debes tener primero un trabajo esperándote” dijo Charlie, copropietario de un campo de tiro en Medford. Se quejó de que los jornaleros tiran basura en las calles, se hacen del baño entre los arbustos, molestan a las mujeres y terminan uniéndose a las bandas de delincuentes. “¿Cómo detienes el flujo de ilegales?”, se preguntó en voz alta. Miles de migrantes latinoamericanos —principalmente ecuatorianos— han llegado a Long Island en las últimas dos décadas. Junto con el incremento de migrantes ha crecido la hostilidad hacia ellos y se ha traducido en varios ataques en los últimos años en el condado, incluyendo una golpiza que casi causó la muerte de dos mexicanos, en 2001, y el incendio de la casa de una familia de mexicanos en 2003. A decir de muchos latinos, el ataque contra Lucero, si no es que su asesinato, se veía venir. Amenazas, asedio, ataques con botellas, son cosa común, se quejan algunos. Pero tales incidentes no son reportados, por miedo a la policía o a la deportación. “Venimos aquí para trabajar, no para causar algún daño”, dijo César Angamarca, que renta un cuarto en la casa donde vivía Lucero. “Trabajamos honorablemente”. Ahora, la prioridad de Joselo Lucero es llevar el cuerpo de su hermano de regreso a Ecuador y asegurarse de que se haga justicia. Sin embargo, asegura no sentir ningún resentimiento o deseo de venganza contra los atacantes de Marcelo. “No siento odio”, dijo. “Siento pena por las familias, porque tienen que hacerse responsables por sus hijos”. |