| on 17-11-2008
|
Visitas : 813  |
Juan J. Paz y Miño Cepeda -- www.eltelegrafo.com.ec En Ourense (España) asistí como conferencista al seminario sobre Globalización y Migraciones patrocinado por la Universidad. En mi exposición, entre otros puntos, recordé que Ecuador no es un país de inmigrantes. Durante el siglo XIX teníamos una sociedad cerrada, jerarquizada y tremendamente injusta e inequitativa, con una poderosa elite de hacendados, comerciantes y banqueros, que no solo postergó el desarrollo nacional, sino que recelaba de toda inmigración e impidió la emigración, por los sistemas tan rigurosos de explotación de la fuerza de trabajo.
Hacia fines del siglo XIX unas pocas familias guayaquileñas vivían en Europa. Eran los “gran cacao”, únicos emigrantes. Solo la Revolución Liberal Ecuatoriana (1895) abrió puertas a una relativa modernización del país. Entonces llegaron incipientes núcleos de migrantes externos: unos cuantos protestantes norteamericanos, trabajadores jamaiquinos, muy pocos alemanes o franceses, algo más de italianos y sobre todo “árabes”, de origen Sirio y Libanés.
en los años ‘30 del siglo XX el fenómeno migratorio crece: llegan al Ecuador judíos que huyen de los nazis, pero también alemanes, vienen al país españoles que huyen de la guerra civil. Salen pocos ecuatorianos. Sin embargo, solo desde la década de los ‘50 del pasado siglo la emigración de ecuatorianos crece, orientándose a los EEUU. En los ‘60 y ‘70 no solo capas medias y populares, sino elites enriquecidas que se fijan en Miami para sus vacaciones y por lucir su estatus.
Desde los años ‘80 y particularmente durante los ‘90, la salida de ecuatorianos al exterior, estalla. El factor determinante será la edificación del “modelo empresarial” de desarrollo inspirado en el neoliberalismo, la crisis bancaria de 1999 y la dolarización. Es el síntoma de la perversidad con que se construyó en el país una economía excluyente, movilizada por los dirigentes de las cámaras de la producción, acompañada por gobiernos de derecha. Además, la migración varió: los ecuatorianos salieron masivamente hacia España y relativamente a Italia.
El caso del Ecuador ha llegado a ser un verdadero “modelo” entre los latinoamericanos: los ecuatorianos en España se ocupan en la agricultura, la construcción, los servicios (restaurantes y hoteles) y las labores “informales”. He constatado directamente varios ejemplos de estas situaciones. La presencia de indígenas es inmediatamente visible para cualquier ecuatoriano. Y ellos esperan legalizar su situación, en medio de incomprensiones legales y dificultades para la vida.
En la discusión académica ha servido mucho el planteamiento de la tesis sobre una “ciudadanía universal”, que Ecuador ha elevado a categoría oficial. Pero asumirla en cada país requiere de voluntad política y de apertura humanista. Porque la migración es un derecho. Y las trabas actualmente existentes en el mundo de los grandes países (EE.UU. y Europa) para el ingreso de latinoamericanos y particularmente de ecuatorianos no son compatibles con la visión social que suele pregonarse en los discursos oficiales de esos mismos países. |