| on 24-07-2007 10:18
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En forma creciente la mujer emigra de América Latina fracturándose el núcleo más importante de la sociedad. Los estados no han sido capaces de ofrecer oportunidades a la altura de esta nueva mujer. Escrito por Veronica Grunewald
Me desplazo por el mundo, Abandono, dolor, discriminación... ¿Dónde está mi lugar? No está en mi origen, No está en mi destino... 190 millones de persones constituyen la población migrante en todo en planeta, de los cuales el 49% son mujeres, según un reciente estudio publicado por el Instituto Internacional de Investigación y Capacitación de Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer, éste señala además que la inmigración femenina en América Latina, representa el 54%. Los principales destinos de estas mujeres migrantes son Estados Unidos y España, aunque este último es considerado la puerta para la UE, siendo Italia y Francia en particular los otros destinos dentro de Europa. México lidera los países de origen, seguido de Ecuador, Colombia y algunos países caribeños. Muchas de ellas arrastran escalofriantes historias de maltrato, discriminación sexual y violencia, aunque la migración consensuada aumenta cada vez más, ellas no están exentas de repetir a veces con mayor crueldad, la violencia gatillante de su deseo de emigrar porque en los países que eligen para quedarse, son expuestas a peores situaciones de maltrato y discriminación, por parte de quienes, abusando de su vulnerabilidad, les ofrecen trabajos indignos que rayan incluso con la delincuencia y la explotación sexual. En México y Ecuador las remesas (envíos de dinero desde los países de destino de las mujeres migrantes) constituyen una fuente importante de ingreso para miles de familias. México particularmente, recibió durante el año 2006 más de 24 mil millones de dólares. Este tipo de “economía” si bien representa una ayuda para las familias receptoras, no se refleja en forma importante en los niveles de desarrollo socioeconómico de los mismos. Peor aún, incentiva la migración por una parte y desmotiva la búsqueda de trabajo ya que lo recibido por concepto de remesas les significa suficiente para su calidad de vida y el sistema de protección social por parte del gobierno no se hace cargo de sus necesidades ya que en apariencia “descansa” en el aporte que envían los ciudadanos mexicanos que han emigrado a los Estados Unidos de Norteamérica. Si bien, algunas organizaciones hacen esfuerzos por orientar a las familias receptoras, y se planea la creación de bancos que fomenten la creación de empresas familiares a partir de los recursos recibidos mediante remesas, la situación no va en vías de mejorar, ya que al aumentar la migración femenina estamos ante un fenómeno sociológico que sacude la estabilidad de las familias y las sociedades fracturadas ante la ausencia de la madre o de la hermana. Las mujeres callan muchas veces la precariedad de su condición ante el peligro de ser despojadas de su fuente de ingresos que le permiten ayudar a su familia de origen: un esposo con los hijos, una abuela con los nietos, una hermana mayor a cargo de los más pequeños. La migración femenina implica a la madre dejando la familia, y desde el consabido “es núcleo fundamental de la sociedad” los gobiernos y las sociedades de origen deben reflexionar sobre porqué la mujer se ve necesitada de asumir los altos riesgos que acompañan la migración, que van desde el abuso y violencia hasta la muerte, pasando por la discriminación. A veces es la necesidad de huir de la represión familiar, los tiempos nos señalan que la mujer necesita y merece buen trato, igualdad de oportunidades, calidad en la educación, etc. Las medidas sociales y políticas no son consecuentes con el crecimiento intuitivo y psicológico que ha vivido la mujer en América Latina donde todavía desincentivan la educación formal femenina, se les ofrecen sueldos inferiores a los de los hombres por el mismo trabajo, realiza todas las labores domésticas después de un árduo día laboral, está sujeta a control y exigencias por parte de su pareja, quien la sigue viendo como en el siglo 19 o 20, y no ha sido capaz de crecer a la par de esta nueva mujer latinoamericana, que comienza a valorarse, que no ve el matrimonio como principal opción, que conciente de sus derechos asume el riesgo de vivir la migración, como desafío personal. La niña creció y la casita de muñecas es insuficiente espacio para ella, sin embargo, la búsqueda de un lugar a su altura le presenta un panorama de soledad y creciente desafío. Su hogar no estaba en su origen, tampoco está en su destino... |