Este comentario lo hizo luego de que me pidió mi tarjeta de residente en España y de que le manifesté que no la tenía pues mi mujer e hijos españoles eran migrantes al revés y que residimos en Ecuador. La frase del funcionario español me sorprendió por varias razones. Para empezar el racismo en contra de los latinoamericanos es nuevo, yo jamás lo sentí cuando viví en España en la década de los setenta.
Es más la ideología de la hispanidad del franquismo sostenía que éramos hermanos que compartíamos la cultura Occidental y Cristiana. Ahora es común pintar a los sudacas como personas que tienen valores culturales diferentes por lo que es difícil que se puedan asimilar.
Estos discursos que para empezar son incorrectos pues lo que asombra es ver escuchar cómo los compatriotas migrantes han adoptado el tonito y las gesticulaciones de los españoles y cómo tratan de parecer ser un español más, claro que sin usar las zetas pues por ahí caemos los sudacas. Detrás de los argumentos que usan la cultura para marcar diferencias entre grupos sociales, que a su vez son racializados como inferiores o superiores, está el interés de tener una mano de obra barata.
Es así que se justifica y se reproduce la desigualdad pues si los sudacas no son asimilables es natural que sigan ocupando los trabajos peor remunerados El comentario del guardia también me llamó la tención pues utilizó un discurso que a la vez que niega que quien lo emite es racista utiliza argumentos de desprecio basados en generalizaciones.
En la actualidad muy pocas personas se vanaglorian de ser racistas, al contrario el racismo es visto como algo negativo y ajeno a la cotidianidad de la mayor parte de ciudadanos. Es por esto que muchos blancos en los Estados Unidos o en el Ecuador dicen no ser racistas para luego lanzarse una parrafada con la que estigmatizan a los afro-descendientes, por ejemplo, como vagos y ladrones.
La frase no soy racista remueve a quien la emite de cualquier relación con el racismo y le sitúa entre las personas bondadosas que no lo son. También le permite emitir sin culpa ni reparos la barbaridad racista con la que reproduce los prejuicios raciales.
Que el racismo sea un fenómeno global no significa que sea parte de la naturaleza humana. El racismo es siempre una construcción discursiva utilizada para justificar las desigualdades sociales y hacerlas aparecer como parte del orden natural de las cosas. El racismo se enseña en las escuelas, en la familia, en los medios de comunicación. El que muchos españoles estén seguros que los inmigrantes tienen una cultura tan diferente que les hace ser el “otro” no es algo natural es una construcción hecha por los medios, algunos políticos y, a lo mejor, por empresarios que se benefician de la mano de obra barata. El que gran parte de blancos ecuatorianos se crean superiores a los indígenas y a los negros es parte de los valores que se les enseña en las familias blancas donde su único contacto con personas de estos grupos es con sus sirvientes, en las escuelas donde no se cuestionan los comentarios y chistes racistas y en los medios que usan el racismo para vender productos.