| on 24-07-2009 03:46
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Indira Dora Morbioni - AFP - La ecuatoriana Rosa Cárdenas no oculta su satisfacción al saber que podría ser regularizada después de vivir y trabajar por seis años en Italia de forma ilegal. En este país unas 500.000 empleadas inmigrantes de servicio doméstico o auxiliares para la atención de ancianos, la mayoría de Europa del Este y parte de América Latina, serán puestas en regla, según una disposición aprobada recientemente por el gobierno de derecha de Silvio Berlusconi.
La legalización de este grupo de trabajadores, esenciales en Italia para el cuidado de ancianos, fue decidida por presión del ministro para la Seguridad Social, Maurizio Sacconi, y se iniciará desde septiembre. Las badantes (cuidadoras de ancianos) y colf (colaboradoras domésticas) latinoamericanas pertenecen en su mayoría a la comunidad ecuatoriana, y gran parte de estas se concentran en Génova, ciudad en la que en días pasados ellas, junto a otros compatriotas y organizaciones sociales italianas, protestaron por las calles y avenidas, por lo que denominaron “una ley injusta” que afecta directamente a la vida de las personas que aportan con el trabajo diario, como son los inmigrantes. Homero Ramírez, participante de la protesta, señaló que “a los extranjeros quieren darnos un tratamiento de delincuentes”. Mientras, Elena Verdesoto, quien labora sin papeles cuidando a una anciana, contó que ha rogado mucho por la legalización, ya que con lo que gana en su trabajo “estoy dándoles el estudio a mis hijos”. El tema de las cuidadoras de ancianos afecta a todos los estratos sociales de Italia debido a la ausencia de instituciones para ancianos y de un sistema de asistencia eficaz en este país. Según el informe anual Migrantes, de la organización católica Caritas, en Italia trabajan unas 600.000 cuidadoras legalmente y otras 500.000 de manera ilegal, con un sueldo promedio de 880 euros (unos 1.230 dólares) por cerca de 42 horas de trabajo semanales. Los ecuatorianos ‘sin papeles’ en Italia, que trabajan en este y otros sectores, suman unos 15 mil, según un reporte revelado por el Ministerio italiano del Interior. La enmienda aprobada el pasado 15 de julio por el gobierno prevé el pago de 500 euros (unos 700 dólares) para obtener la legalización de la cuidadora que trabaje desde hace más de tres meses con una familia, con una renta anual superior a los 20.000 euros (aproximadamente 28 mil dólares). “La mayoría viene de los países del este, pero también hay latinoamericanas como las peruanas y ecuatorianas”, aseguró Alessandro Iapino, de la Asociación Cristiana de Trabajadores Italianos (ACLI). Entre las latinoamericanas se cuenta con un buen número de peruanas y ecuatorianas, entre el 3 y 4%, según estimaciones basadas en investigaciones. El Parlamento italiano aprobó el pasado 2 de julio un controvertido paquete de medidas que endurece la política contra la inmigración e introduce el delito de inmigración clandestina y la expulsión a su país. La mano dura contra la inmigración ilegal, decidida por el gobierno de Berlusconi, afectaba a las miles de extranjeras indocumentadas que trabajan como niñeras, empleadas domésticas o cuidadoras de ancianos en toda Italia, lo que alarmó a cientos de familias y obligó a introducir la enmienda. “Recibimos unas 50 llamadas al día”, sostiene una de las oficinas de información del sindicato de empleadas domésticas UIL. Hasta algunos ministros reconocieron que sus propios padres o abuelos solían contar con una asistente extranjera en casa, agregó el organismo. La comunidad de empleadas latinoamericanas es una de las más apreciadas por su dedicación al anciano o a los niños en Italia, donde lleva presente desde hace unos 20 años en este tipo de labores. “Tengo mis papeles en regla, traje a mi hija hace tres años y sigo mandando dinero para mi madre a Lima, aunque no le dan la visa para vivir aquí”, contó la peruana Cecilia, de 40 años. “Algunas temen ser expulsadas o perder el trabajo porque quien les da empleo no puede pagar todo lo requerido, vacaciones, seguros, primas, etc.”, asegura una empleada del centro de información sindical de la central UIL. Entre las comunidades más arraigadas en estas labores figuran las filipinas, rumanas, moldavas o ucranianas, algunas de ellas enfermeras en su propio país. “Dejé un marido y dos hijos en Resina, Moldavia. Soy enfermera, pero aquí soy clandestina”, denunció María L. al diario romano Il Messaggero. En un país con un elevado porcentaje de ancianos –cerca del quinto de la población sobre unos 60 millones de habitantes es mayor de 65 años–, la disposición fue bien recibida. Detalles: Trámite Pedidos Las solicitudes de las inmigrantes indocumentadas que laboran en Italia como empleadas domésticas o auxiliares de ancianos y que quieren regularizarse deberán ser presentadas por medio del internet, directamente a la oficina de inmigración italiana. Proceso lento El proceso es muy lento y se sumará al de los demás trabajadores, estudiantes y diplomáticos inmigrantes que, si bien residen legalmente en Italia, no tienen aún sus documentos válidos debido a la demora en los trámites. |