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Viejo, mi querido viejo, ahora ya caminas lerdo… y tienes razón. Tu descanso es el mejor mérito que te espera. Gracias a vos mi querido viejo, gracias a tus hombres pudimos soñar los jóvenes en toda América Latina. Los buenos hombres que han sugestionado a los perversos para dar un ejemplo de gobierno, honesto, honrado y justo no pueden de ninguna manera ser bien vistos por los castrados del poder y del capital a cambio del valor humano en tu preciosa Cuba. Ustedes encendieron las pasiones que vibran aún en todo el continente americano y en todo el mundo. Por eso seguimos guardando la debida admiración y respeto porque has alcanzado a ser ese símbolo inmortal que los apocados te envidian. Quién puede esperar sino los que te hemos querido, porque tus detractores entienden que has cumplido tu papel de patriota, de arquitecto contumaz -en el buen sentido de la palabra- a cabalidad y que mas bien, es la ceguera la que no alcanza a ver que sos una figura legendaria Camarada. Los sicópatas que han venido ignorando a tu pueblo que nunca ha dejado de ser el valuarte de tu sustento, apenas festejan su delirio postrado al que se vieron obligados por las circunstancias de la historia. Quien de los que rabian esperan que el pueblo cubano se yerga bajo el orden de su propia soberanía y su derecho de autoderminación para seguir siendo libres?. Quién…?. Quién de esa gusanera puede reconocer que una revolución era para el bien de toda una Patria, y no de los pocos que lo han denigrado sabiéndose impotentes de afrontarlo desde su verdulero discurso de la falaz DEMOCRACIA. Pero no han podido, no han de poder, sino es con ocultar y abrir otro espectro mejor para justificar una arremetida de hambre eterno de los gendarmes del universo bajo cuyo pretexto por implantar su modelo de “libertad y democracia” en Cuba, se han ensañado con todo lo que vaya a favor de la construcción de modelos propios de Gobiernos y de sistemas. Los firmes soldados de tu revolución transformadora, siguen tu ejemplo con el intacto recuerdo del sacrificio para salvar de las garras del destino sin destino, del oráculo perverso y de la cizaña espinosa de tu vecino al otro lado de tu playa. Esas ideas que endilgaron a una razón humana sobre cualquier indigno que te ha ofuscado a cada paso creyéndose inmortales, porque los ávidos gusanos de tu tierra no prestos para contribuir en la grandeza de tu Patria se perdieron en sus vísceras, se anularon en la obnubilación del horizonte Yankee, sin ningún rumbo más que la afrenta de seguir apostando a la pomposa paradoja de un maquillaje democrático. Aún no dejamos de soñar en lo que tu fuisteis y dejasteis, vientos frescos y atronadores de ideal consumado ennoblece a tu pueblo generoso de ofrendar hasta la vida por ver y sentir a una verdadera revolución. Quedan ahí gérmenes de tu coraje, quedan también los peores parásitos humanos como un Carlos Alberto Montaner que desde una tierra pródiga como es la España de Cervantes, de Lorca y Hunamuno; ese “señor”, eructa sin más que en su sóla resignación, desde su comodidad en algún asiento renegado de prestarse para que sobe su culo, ¡este innoble!, que busca hablar siempre lo que en su vientre se acumula. Solo es un ejemplo de los tantos. La democracia en EE. UU; y, con su ejemplo en América Latina, ha pasado a ser una simple palabra de diez letras, un antónimo de la dictadura, con un mismo contenido espeluznante en su composición orgánica. De la que disfruta el poder obstinado por el capital y con las que se ha sometido al débil para evadir la responsabilidad que reza el clásico concepto liberal de “dar a cada quien lo que le pertenece”. O no es evidente que el Imperio con su fuerza a costa de su razón menoscabada ha suplantado la soberanía de los pueblos bajo su emblema caprichoso, mezquino y de terror, imbuyendo a la humanidad en un fango confuso entre unos y otros. Mientras se instalan sus empresas transnacionales que amplían su mercado con los vivos y con los muertos, con los contusos y con los desposeídos, con los ambiciosos y con los ingenuos, con los viciados y virtuosos. Pero no es Estados Unidos, es el Gobierno de los Estados Unidos. Es cierto que las pasiones humanas se tornan inhumanas, pero es cuando el poder se abstrae del principio de vida colectiva, ahí quedan pocas posibilidades de vida si quieres ser libre, si quieres aportar con ideas, si exiges lo que humanamente te pertenece, si entiendes que los derechos no son patrimonio privado de pocos. Pero la impía abstracción se contenta con el sueño de juzgar lo que ya no tiene sentido aunque fuera inmune a la inexorable partida. Suena cursi pero a la vez sugestivo rencor de revancha política. No más, porque así la impotencia reacciona ante su inapelable explosión emotiva. La vanidad de un absurdo enfermo arenga el fin de la Revolución cubana, mientras en todos los orificios del universo sigue Bushcando a un Bin Laden que se caga en su cara de la risa. Todas sus misiones taimadas de odio, de mentira, de hipocresía, de capricho carroño sucumben bajo la paradoja de su discurso “Democrático”. Sus títeres no ha sabido desempeñarse tan bien en América Latina; aunque no han sido juzgados por el amo. En otras latitudes han resonado sus crímenes como en el caso de Pinochet, del asesino Fujimori, de Videla y otros magros personajes de quienes forman parte los que se oponen a las transformaciones sociales de este universo, del mío que es, al que amo y tengo derecho. No se han escapado de la memoria núbil, la intensidad de esos augurios, de ese devenir con los que abrazaron tu bandera Fidel, no quepa sino una inmensa gratitud tu ejemplo de luchador entrañable; contando con las valerosas manos de Camilo Cienfuegos, de Ernesto (el Che) evento de hace 50 años atrás. Digan lo que digan los sabuesos, nadie puede borrar tu historia Camarada. Porque el mundo está anegado todavía de pobres que vienen del pasado, de pobres que bregamos este incierto presente, de pobres que vendrán a compartir el siniestro futuro. ¡Viva la Revolución Cubana! ¡Viva el camarada Fidel! Juan Emar
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