| on 05-10-2009 08:49
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Madrid,(COLPISA, Miguel Lorenci) - Además de ser un fenómeno “inevitable” y tan antiguo como la humanidad, la inmigración es también un factor clave para el “desarrollo humano”. Así quiere la ONU que lo entiendan los gobernantes del mundo, en especial los receptores de inmigrantes. Les pide que no blinden sus fronteras y les advierte que facilitar su acogida supone un beneficio global que afecta tanto al país de origen como al de llegada del migrante. Uno de cada siete habitantes del planeta (casi mil millones) son inmigrantes, según el informe de 2009 de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que propone a los gobiernos de países ricos y pobres “obtener grandes frutos” suprimiendo barreras a unos inmigrantes a los que la recesión ha dejado en “una situación especialmente vulnerable”.
El informe cuestiona “conceptos erróneos y generalizados en torno a la migración” y plantea políticas para que los movimientos migratorios entre países e interiores “aumenten la libertad de las personas y mejoren la vida de millones de habitantes en todo el mundo”. Analiza las razones por las que los gobiernos deben reducir las restricciones a los movimientos migratorios y aboga por medidas prácticas para que los inmigrantes puedan superar la situación a la llegada. El punto de partida del PNUD es que la inmigración, la mejor salida en un mundo desigual para quienes buscan oportunidades de mejora de de ingresos, salud o educación, es un valor “tanto para quienes dejan todo atrás como para la sociedad donde establece su nuevo hogar”. Una mejora generalizada, aunque no todos los inmigrantes triunfan en su empeño. El informe certifica como en los últimos 50 años el porcentaje de migrantes se mantiene estable en torno al 3% de la población mundial. Admite que variables como la pujante juventud de los países pobres y el envejecimiento de los ricos, o el abaratamiento del transporte incrementaron ‘la demanda de inmigración’. Pero una y otra vez vuelve al factor clave de las limitaciones impuestas por los países receptores. Unos obstáculos más insalvables para quienes tienen menos formación. En el último siglo se ha llegado a casi 200 Naciones-Estado con más fronteras que cruzar “mientras que las reformas políticas restringieron la escala de la migración, incluso al mismo tiempo que disminuían los obstáculos al intercambio de bienes”. Prejuicios y tópicos Combate el PNUD prejuicios como que los inmigrante desplazan a los trabajadores locales, hacen disminuir los salarios, aumentan la delincuencia y sobrecargan los servicios médicos y sociales. Unas inquietudes que “a veces son exageradas”. Reconoce que en determinadas circunstancias el flujo migratorio “tiene efectos negativos para trabajadores con cualificación comparable nacidos en el país” pero que el análisis de los datos “sugiere que estos efectos son “insignificantes” cuando no “inexistentes” También derrumba tópicos como que las grandes migraciones van de los países pobres a los ricos. “La abrumadora mayoría de los cambios de residencias se dan en interior de los propios países”, señala. Unos movimientos que suman 740 millones de personas, cuatro veces más que los desplazados entre países. Los migrantes internacionales son apenas 200 millones, de los que 130 se desplaza entre países en vías de desarrollo. Apenas 70 millones se mueven de un país pobre a uno desarrollado. Cierto que tres cuartas partes de los inmigrantes que cruzan frontera buscan un país más rico que el propio y se trasladan por voluntad propia. Pero se enfrentan a “restricciones considerables tanto por las políticas que obstaculizan su entrada como por los recursos de los que disponen para realizar el cambio”. Esto hace que los habitantes de los países pobre sean los que menos emigren y que el flujo de africanos que llega a Europa, y que tan intenso nos parece en España, no llega ni al 1% de la población del continente. “Desarrollo y migración van de la mano” insiste el informe del PNUD, tras constatar como en los países con un índice de desarrollo bajo la media de emigración es inferior al 4% mientras que llega al 8% en los países con un nivel de desarrollo más alto. Adaptados A pesar de las dificultades, la mayoría de los inmigrantes están contentos en sus lugares de destino “y se integran más que los residentes en grupos religiosos, sociales o profesionales”. Aún así, en el mundo hay 50 millones de personas que viven y trabajan en situación irregular. Hay países con alta tolerancia a estas situaciones como Estado Unidos o Tailandia. Una situación ambigua que ofrece sueldos más bajos a unos trabajadores que pagan impuestos como los trabajadores locales, pero que carecen de servicios básicos y corren el riesgo de ser deportados. Destaca el PNUD como España e Italia “reconocieron que los inmigrantes cualificados sí aportan a sus sociedades, motivo por el que regularizaron la situación de quienes contaban con empleo”. Elogia los programas de Canadá y Nueva Zelanda en el sector agrícola para inmigrantes estacionales y poco formados, y propone su extensión al mundo rico, al que aconseja decidir el número de inmigrantes que desea acoger “con procesos políticos” y “debate públicos”. También sugiere a los países de acogida que “equilibren intereses”, con mecanismos “transparentes, de acuerdo a la demanda de los empleadores y estableciendo cuotas afines con las condiciones económicas”. Otra cosa son los refugiados -14 millones de personas, el 7% de los inmigrantes del mundo- que viven fuera de sus países, casi siempre cerca del territorio del que huyeron. De ellos, casi medio millón viaja a algún país desarrollado en busca de asilo. Hasta 26 millones de personas son desplazados dentro de su propio país, acosados por conflictos bélicos catástrofes naturales o epidemias. Sus cambios de residencia no son voluntarios y a menudo los fuerza la violencia y el abuso sexual. |