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El soldado debe haber tenido todo el consentimiento de la CIA, y de sus coidearios cuando llegó a ser “Presidente”, debe haber logroñado el apoyo financiero de sus cómplices y encubridores. Debe haber atesorado de logroño en logroño cada espacio torpe del que no supo cultivarlo, porque cada vez se ve envuelto en sus peores desatinos. Yo, como todo desgraciado que en la vida no ha tenido la suerte de llegar a ser afortunado por los beneplácitos del Poder, en particular no he logroñado nada, sino solo la infausta desidia de vivir para espectar, de ser instrumento para auscultar el voto, para llegar a ser ciudadano solo hasta la hora del sufragio, nada tengo que agradecer menos algún logroño. Cuando paso y miro a orillas del río Napo, a las extensas aguas que van a poco de arrasar esa mansedumbre verdinegra, sumerjo la mirada al chaguarquero que pacíficamente se regocija de las tempestades naturales. Y el otro que engañando a los pueblos con su cretino descaro llegó al Poder del Estado y logroñó, para seguir manteniéndose en tribuna a fuerza de los que lo empujan a que su torpeza colme en la amplia inquietud popular. Harto quedó el espacio que a los obnubilados no pudo más que contentarlos con su paso efímero porque las masas llegaron a entender que hay que insistir en acabar con los entuertos, y de que la ingenuidad puede pecar de circunstancial pero no de eterna, ni de estúpida. ¡Que mala racha!, de esa tanda de adefesios que nos hacen quedar mal, con los que nosotros jamás hemos estado de acuerdo que hayan logroñado: hermanos, cuñados y que no sé cuántos más logroños, buscaron acomodarse en su “gobierno”. Pero vosotros ya sabrán entender para no permitir que sigan logroñando dos hermanos y el partido “suciedad patriótica” y los beneficiarios del ridículo sainete. Seguro que en la Rivera de las playas de “Montecristi”, van a terminar ahogándose los que no dan su brazo a torcer en la búsqueda por morir en el intento. Ya sienten el no kao, o mas bien el Kao lay, como un porrazo en sus débiles estructuras de traza política. Que no hay razón de reconocer en ellos sino una especie de tribu salvaje, luchando por su sobre vivencia a los embates de del imperio popular que enciende su tea porque el logro sea también de todos. Ellos, sabrán de todos modos que cada logroño no ha sido bien habido, que si no han sabido negociar con los opuestos, tampoco han sabido cuidarse para no ofuscarse. ¿Quién le cree al “sopla botellas”, de que esté exento de culpabilidad alguna?. Hay algo mejor que conserva en su torpeza de avivato y es su ineptitud. Sus mejores dotes deben tener escondidas en alguna sombra nefasta para que de la noche a la mañana nuestros votos hayan sido confiados en un momento parco y emotivo. Juan Emar
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