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Hace 48 años... la matanza de Shapersville acaba con la vida de 79 personas
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Julio Montero
Cuatro millones de personas de raza blanca y origen holandés controlaban e impedían el acceso a la vida política y económica a unos veintiséis millones de personas de raza negra, que habían nacido allí y cuyos ancestros habían sido desposeídos de todo, hasta la dignidad humana, por los colonizadores. Aquello se llamaba la Unión Sudafricana.
El régimen político (el apartheid) sostenía que las personas que no fueran de raza blanca eran inferiores. En consecuencia, era un error tratarles como iguales. Los inferiores debían estar en una posición inferior. Era una regla sin excepciones: constituía un principio constitucional.
La primera explosión que conmocionó al mundo ante esta sinrazón fue una matanza sin precedentes. El 21 de marzo de 1960, en Shaperville, una multitud de africanos de raza negra, entre los que había mujeres y niños... Y hombres. Sin más armas que su razón, su derecho y la lógica fueron tiroteados por la policía blanca. Un sangriento episodio que resultaba increíble para el mundo civilizado. Murieron 79 personas y entonces comenzó a saberse que existía un fuerte movimiento por la igualdad en Sudáfrica.
La discriminación era terriblemente eficaz, especialmente en la represión. Sistemática y racionalmente irracional: razas distintas exigían ámbitos de vida distintos, para que la mezcla fuera imposible; para que el diálogo fuera irrealizable. Lo primero fue eliminar posibilidades de que la población negra adquiriera niveles culturales peligrosos. Eso les incapacitaría —pensaban los blancos— para hacerse cargo de su situación y, desde luego, para razonar sus derechos. La cultura es el principal enemigo de los tiranos de todos los tiempos. Pero eso era difícil. Siempre habría resquicios. Los afrikáaners lo sabían: para eso guardaban la represión. La segunda gran llamada a la comunidad internacional desde Sudáfrica fue Soweto, en 1976. Allí cayeron 23 africanos negros y mas de 200 fueron heridos. A la siguiente fue la vencida. El estado racista estaba aislado, pero se resistía a caer.
En febrero del año 1990, el líder popular negro Nelson Mandela salió de su encierro en la cárcel y reprodujo el milagro más increíble de todos los tiempos en la vida política: una transición pacífica de un régimen racista a otro abierto. En el periodo de negociaciones se pidió a todas las razas y las etnias que actuaran de manera pacífica. Y se logró. Todos hicieron caso. En 1994 se produjeron las primeras elecciones abiertas en Sudáfrica. Ganó Mandela, que gobernó con De Klerk, el político blanco que le había sacado de la cárcel y había iniciado las negociaciones. En 1993 los dos ganeron el premio Nobel de la Paz.
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