Impulsamos procesos de incidencia política a nivel local, regional, nacional y
transnacional, para garantizar la incorporación de los derechos de las personas en
situación de migración y sus familias, en las comunidades de origen y destino, en Ecuador, en España
y en el mundo.
Apoyamos iniciativas de codesarrollo que incorporen componentes de educación, salud, seguridad social, vivienda, políticas públicas, apoyo psicológico y pedagógico, generación de empleo y fuentes de trabajo, acceso al crédito, emprendimientos productivos, comunicación e información, ayuda emergente y acogida, entre otras posibilidades de mejorar tu condición migratoria.
Queremos una sociedad sin prejuicios, sin estigmas, sin actitudes de racismo, xenofobia, discriminación, exclusión, acoso y violencia en razón de la situación migratoria de cada persona.
Ecuatoriano, ecuatoriana:
Si eres emigrante o inmigrante, si estás con o sin papeles, documentado o indocumentado, si te consideran legal o ilegal, si tu situación migratoria es regular o irregular...
Si eres hijo o hija, madre o padre, hermano o hermana, esposo o esposa, amigo o amiga de una persona migrante, este proyecto comunicativo solidario es tu espacio de expresión, comparte con nuestra comunidad tu proceso migratorio, tus vivencias, tus sueños, tus problemas, tus esperanzas, tus desencantos, tus logros.
Cuando se habla de la inmigración latinoamericana se dice que es mayoritariamente femenina. Que son las mujeres las que han abierto el camino a esposos e hijos. Y que es más facil para ellas encontrar trabajo, porque las contratan para trabajar en el servicio doméstico. Aquí una historia de una mujer que se desmarcó de ese estereotipo.
La ecuatoriana Elva María Alba vino a España porque otra mujer, una madre que había inmigrado unos años antes, le pidió que trajera a su hijo de 2 años desde Ecuador. Elba llegó al País Vasco hace 7 años y aunque los primeros años estuvo encasillada en el estereotipo de la mujer inmigrante, su vida dio un giro cuando tuvo un hijo.
Cuando nació Lander -nombre vasco, por cierto-, Elva empezó a tener problemas en las casas donde trabajaba. No tenía donde dejarlo, así que lo llevaba con ella hasta que una de sus jefas le pidió que dejara al niño en la terraza, junto al perro.
Esto fue muy duro para Elva y comprendió que tenía que buscar otro trabajo. Al ver que los hombres de su entorno trabajaban conduciendo camiones y ganaban más, se le ocurrió apuntarse a la autoescuela y así consiguió su permiso para conducir coches y luego el carné para conducir camiones.
Ahora la tenemos trabajando para una empresa que recicla aceite vegetal en el País Vasco. Con un camión, recorre a diario los pueblos aledaños a San Sebastián; llega a la plaza principal de cada sitio y recoge las botellas de aceite que le entregan los lugareños. Trabaja sólo las mañanas, gana más y de vez en cuando se lleva a su hijo con ella. Todo un ejemplo de superación.