Impulsamos procesos de incidencia política a nivel local, regional, nacional y
transnacional, para garantizar la incorporación de los derechos de las personas en
situación de migración y sus familias, en las comunidades de origen y destino, en Ecuador, en España
y en el mundo.
Apoyamos iniciativas de codesarrollo que incorporen componentes de educación, salud, trabajo, seguridad social, vivienda, políticas públicas, apoyo psicológico y pedagógico, orientación social y laboral, acceso al crédito, emprendimientos productivos, comunicación e información, ayuda emergente y acogida, entre otras posibilidades de mejorar tu condición migratoria.
Queremos una sociedad sin prejuicios, sin estigmas, sin actitudes de racismo, xenofobia, discriminación, exclusión, acoso y violencia en razón de la situación migratoria de cada persona.
Hace poco, un estudio realizado por la Consejería de Inmigración de la Comunidad de Madrid indicaba que ocho de cada diez inmigrantes se siente “bien” o “muy bien” integrado en Madrid. Esos datos me hicieron pensar. ¿Será verdad?
He entrevistado a una innumerable cantidad de inmigrantes y yo misma lo soy una de ellas y vivo en Madrid. Es verdad. He hablado con muchos inmigrantes sobre cómo se sentían en Madrid y porqué habían decidido vivir aquí. La respuesta es siempre parecida y lo resumiría en algo así: “Hay problemas, siempre los hay, y al principio es muy difícil, pero si vieras los problemas que hay allí…estamos bien aquí”. También he vivido en Barcelona y la respuesta es parecida.
Estos datos me hacen pensar en un montón de situaciones cotidianas. El principio: los cientos de problemas con la gente que atiende en la administración; la funcionaria que te trata como si fueras el centro de todos sus conflictos familiares y sea incapaz de darte un dato con precisión; entender con rabia que no es lo mismo ir sola a hacer estos tramites que ir acompañada de un español; esperar el resultado de la residencia empapada en sudor un día de verano en una habitación donde la gente encajaba como en una lata de sardinas esperando igual que yo, desesperados, pegados y empapados en sudor; el mirar de reojo cuando en el metro para ir a trabajar, muy temprano a la mañana, un par de señoras hablan pestes de la inmigración a voz muy viva; hacerme un nudo en el corazón cuando hablo con algunas personas al teléfono y estoy lejos y han cambiado y han crecido y yo no estoy; leer algún comentario simplemente malvado en este blog; presenciar una golpiza de un policía a un inmigrante por su tez oscura y perder una denuncia porque el mismo inmigrante no presentaba cargos; impotencia…
Pero luego, también pienso en otras cosas: la rotunda posibilidad de prosperar si, con mucha paciencia, una puede saltar esos obstáculos porque este país es económicamente muchísimo más estable que en el que yo nací; la tranquilidad de entrar a casa de noche sin tener que mirar a todos lados muerta de miedo; la posibilidad de que el Estado te devuelva los impuestos si has pagado de más e incluso que te ayuden si vas a tener hijos o que te den un “colchón económico” si te vas al paro; el saber que un policía de tránsito no intentará que le pagues un plus para su bolsillo por una infracción que sólo el vio pero que sabes que no has cometido; el ver que en la calle mucha menos gente se pasa los semáforos en rojo y que las calles no están llenas de baches; el ver que, mal que bien, aunque no nos guste ningún político, si la población vota, el que pierde lo respeta y no pretende ganarlo con violencia; la calidez del mesero del bar de la esquina; la alegría de ver que es posible conocer gente no sólo de España sino de todo el mundo, probar comidas de todo el mundo, conocer culturas de todo el mundo; la mirada tibia de quien pregunta ¿qué tal va tu país?; la defensa de muchísimas personas que salen a defender al inmigrante de tez oscura en el metro de Barcelona cuando el policía se pasa todos sus límites profesionales; la mano amiga de quien me acompaña a hacer un trámite y si es necesario discute con el funcionario en mi nombre; las cientos de personas que trabajan día a día para la integración. Sí. Si estamos aquí es porque, a pesar de todo lo que tenemos que pasar (y eso que desde Latinoamerica no venimos en cayucos), estamos mejor aquí. Por eso hemos venido y por eso nos quedamos.
Ecuatoriano, ecuatoriana:
Si eres emigrante o inmigrante, si estás con o sin papeles, documentado o indocumentado, si te consideran legal o ilegal, si tu situación migratoria es regular o irregular...
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Somos ecuatorianos y ecuatorianas, ciudadanos y ciudadanas del mundo ejerciendo el derecho a migrar.