| on 02-05-2007
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De aprobarse la reforma migratoria que reclaman indocumentados y otros sectores en la nación, lo primero que haría Jacinto Quispi es viajar a Ecuador, donde viven sus cuatro hijos a los que no ve hace 18 años.
Catalina Martínez, de México, también sueña con reunirse con su madre, a quien vio por última vez hace 15 años cuando emigró de Puebla en busca de mejor vida. Quispi y Martínez fueron dos de los cientos de inmigrantes que hoy recorrieron las calles de Nueva York, al conmemorarse el 1 de mayo, en reclamo de un alto a las redadas y deportaciones y de una reforma migratoria que legalice su estatus y el de los 12 millones de indocumentados que se calcula viven en EU. Sus historias no son únicas y cada una de ellas tiene un rostro diferente; proceden de América Latina o el Caribe o de lugares más distantes como Europa, Asia, África o el Medio Oriente, pero unidos bajo el mismo propósito. "Sí se puede" y "legalización ahora" fueron algunas de las consignas que al unísono gritaban los inmigrantes. Aunque este año el número de personas que acudió a la convocatoria de las organizaciones comunitarias, líderes sindicales, religiosos y políticos fue menor al año pasado el entusiasmo no decayó. Varios grupos partieron desde distintos puntos de la ciudad, luego de eventos en sus comunidades, para encontrarse en la plaza de Union Square en Manhathan, entre éstos la Coalición del Inmigrante, la más grande de la ciudad. La Coalición empezó su día con un evento religioso, en la Judson Memorial Church en la Universidad de Nueva York donde acudieron emigrantes portando velas y carteles con mensajes de "no más deportaciones, paren las deportaciones", "Somos américa" y en reclamo de una reforma migratoria comprensiva. Líderes religiosos de diferentes credos dieron un mensaje de esperanza a los que se concentraron en la iglesia, fundada en 1895, en un barrio que para esa época era predominantemente de inmigrantes italianos. "Nuestra causa es la de Dios porque Dios es amor y justicia y es el dios que ayuda a los oprimidos", fue uno de los mensajes escuchados con euforia por el público, entre éstos Catalina Martínez, quien sostenía en brazos a su nieta Jennifer, de ocho meses de edad. "Estoy aquí apoyando una reforma migratoria justa porque ya es tiempo. Llevo 15 años sin ver a mi madre, que todavía vive. Queremos una reforma consciente y necesaria para todos, porque si miran nuestras caras, somos de todas partes", afirmó. Al finalizar el acto, acudieron a la plaza Washington Square, frente a la iglesia, donde colocaron los nombres de los familiares de los que están separados debido a su estatus legal o que han sido deportados en un gigantesco árbol dibujado sobre lienzo. Jacinto Quispi fue uno de los que aguardó pacientemente por su turno, mientras sostenía entre sus manos la hoja de papel en forma de hoja en la que escribió el nombre de sus cuatro hijos, a quienes sólo ha escuchado la voz durante 18 años. "Estoy mucho tiempo aquí y no los veo hace 18 años. Hablo con ellos, pero no es lo mismo", dijo el hombre de 52 años. "Lo primero que haré si hay una reforma es ir a verlos", aseguró Quispi, que se emplea en lo que puede para sobrevivir. Jesús Trujillo, de 32 años y trabajador de la construcción, se tomó el día libre para acudir a la marcha del 1 de mayo junto a su esposa y dos niños. Trujillo tiene la esperanza de que pronto se aprueba una reforma migratoria que evite su deportación. Explicó que hace dos años estaba con dos mexicanos y un hondureño en un hotel de Michigan donde sorpresivamente se presentó un alguacil. "Parece que alguien nos denunció" dijo al referirse que todos eran indocumentados y agregó que durante dos años su abogado ha luchado para evitar que se ordene su deportación. Los sindicatos, muchos de los cuales representan a un gran número de trabajadores indocumentados también levantaron hoy su voz durante los actos. "Debemos detener los abusos. Las mismas personas que hoy nos llaman indocumentados y criminales son los mismos que usan nuestros servicios en hoteles o restaurantes", dijo Edison Alba, dirigente del sindicato que representa a los trabajadores, en su mayoría polacos y ecuatorianos, que remueven asbestos y sustancias peligrosas. |