España: 227.000 vecinos en movimiento
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- Creado en Domingo, 20 Mayo 2012 12:09
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Ana Salas - elcomercio.es -
Durante año y medio, EL COMERCIO acudió todas las semanas a una oficina del paro para comprobar lo que decían las estadísticas: que el desempleo cada vez es mayor. Muchos de los que estaban entonces en la cola del INEM se planteaban la posibilidad de cambiar de vida, buscar nuevos horizontes. Sobre todo los extranjeros: pensaban en regresar a los países que habían dejado para hallar una nueva oportunidad. Los últimos datos del padrón municipal revelan que ya han empezado a hacerlo. El número de inmigrantes desciende por primera vez tras una década de continuos aumentos. La población, sin embargo, sigue creciendo. Oviedo ya roza los 227.000 vecinos.
Las cifras datan del 30 de abril y muestran que Oviedo cuenta con 226.899 habitantes, de los que 16.269 son extranjeros. En 2011 el Instituto Nacional de Estadística (INE) enumeraba en 225.391 habitantes la población ovetense (1.508 personas menos, un 0,6%), de los que 16.350 eran inmigrantes. Primera conclusión: por primera vez en una década habría descendido el número de extranjeros. Los que se han hecho 'fuertes' son los rumanos frente a los ecuatorianos. Todo tiene explicación.
De momento, y a falta de que los datos procedan de una sola entidad, hay 81 extranjeros menos. La tendencia no sería extraña: sin trabajo ni prestaciones optan por regresar a sus países de origen o probar suerte en otra región. En los dos últimos años (2010 y 2011), según el INE, a Oviedo solo llegaron seis extranjeros más, y la población apenas aumentó en 236 personas.
Lejos quedan aquellos años en los que los ovetenses vieron cómo dejaron de ser los únicos que poblaban sus calles. Tuvieron que aprender a convivir. En una década se pasó de 3.314 extranjeros a más de 16.000. La población extranjera se multiplicó prácticamente por cinco. La sociedad tuvo que adaptarse, y ellos organizarse. Es habitual que la procedencia marque los oficios y las zonas donde se asientan.
El profesor de la Universidad de Oviedo y miembro del Laboratorio de Análisis Económico Regional, Fernando Rubiera, explica que los inmigrantes hispanos «comparten el idioma y tienen una cultura similar a la nuestra, por ello tienden a trabajar en hostelería, servicios domésticos o asistenciales». Como no suelen tener coche cuando llegan «buscan residir en barrios céntricos, cerca de las familias a las que prestan sus servicios o próximos a la zona donde hay más establecimientos para trabajar». Según este profesor, «las colonias hispanas se localizan en las calles menos valoradas, pero adyacentes a los barrios céntricos o muy densamente poblados». Es el caso de Pumarín, General Elorza o Fray Ceferino.
«Los inmigrantes del este europeo trabajan en la construcción o la industria y tienden a localizarse a las afueras de la ciudad». Los africanos, por contra, muchos de ellos indocumentados, «suelen trabajar en la economía sumergida y residir en zonas marginales», describe Rubiera.
En los primeros años del siglo XXI, los extranjeros crecían por miles año tras año. Entre 2002 y 2004 casi se duplicaron. La ciudad fue creciendo. Entre 2001 y 2008, Oviedo registró un incremento de 20.000 vecinos, tantos como los que residen en La Corredoria. España vivía en una economía boyante. Pero las cosas se torcieron. Cuando el gobierno aún no había reconocido una crisis evidente, en 2009, los ovetenses aumentaron en 4.000. A partir de entonces, la población se estancó. Sigue subiendo, pero ahora solo se cuentan por cientos. De 2009 a 2011, 1.386. Los que llegaron de otros países también fueron cambiando en una década. Resulta curioso que el INE no diferencie a la población procedente de América por países hasta 2002. Ese año, los ovetenses ecuatorianos eran 1.652. Tradicionalmente fueron mayoría. Cada vez fueron llegando más, hasta 2007 cuando la comunidad llegó a su tope: 2.615. No se movieron (ni uno más ni uno menos) en 2008 y a partir de entonces comenzó la disminución: 2.502 en 2009; 2.252 en 2010; y 1.860 el año pasado.
Mientras unos se iban otros llegaban: los rumanos. En 2004 (el primer año que los incluyó el INE) eran 80. En 2011: 2.446. Se han multiplicado por 30 en menos de siete años.
«Una vida mejor»
Iuliana González Argüelles, presidenta de la Asociación de Rumanos en Asturias, subraya que el incremento se ha producido, aunque quizá no tanto como indican los datos: en 2005 muchos regularizaron su situación gracias al proceso impulsado por el Gobierno central y con «la incorporación de Rumanía a la Unión Europea» empezaron a moverse libremente, por tanto, a decir que estaban aquí. La interpretación de esta traductora judicial que llegó a Asturias hace más de 20 años explica los números: de los 188 rumanos de 2005 pasaron a estar censados 582 en 2007 y 1.406 un año después, cuando su país se convirtió en el número 27 de la UE. Y a partir de ahí, cada año son más, «porque están naciendo muchos bebés», apunta González Álvarez.
Si no fuera por su nombre, pasaría por una asturiana más. Su acento apenas la delata. Su apellido, Buric, lo perdió al casarse y adoptar los de su marido. Vino «para buscar una vida mejor» y ha conseguido que también lo hicieran sus padres y un hermano. No tiene intención de volver a Rumanía, aunque es consciente de que «muchos» de sus compatriotas lo están haciendo.
Rumanos y extranjeros casi de cualquier nacionalidad. La misma presidenta de la Asociación de Ecuatorianos Residentes en Oviedo, Aida Illisaca, se lo ha planteado, ella y su marido están en el paro. Él ya estaba en la ciudad cuando ella vino a verle con intención de llevárselo a su país. Después llegaron los niños, se afincaron. Uno de sus hijos, ahora universitario, no quiere ni oír hablar de la marcha a Ecuador. «Dice que se queda y yo sin ellos no vuelvo». Lo tiene claro. No tanto, en cambio, uno de sus compatriotas que descarta revelar su nombre.
Tiene problemas para comer. Él y su familia se alimentan a base de «arroz y de lo que más llena», explica abatido. Se desahoga: cuando les iba bien compraron una casa que actualmente malamente pueden pagar, después se fue a Bruselas para conseguir trabajo de carpintero y no tuvo éxito. Su mujer trabaja como empleada del hogar, pero su salario casi no les da ni para sobrevivir. «Si tuviera dinero para comprar los billetes...», sueña, pero tiene hipoteca y dos hijos. Se da un año de margen para tomar una decisión. «He visto a bastantes amigos así y se han marchado, dicen que allí se sienten un poco mejor». En Ecuador, «con poco te alcanza para vivir». Sería volver a una vida «muy diferente».
